Stonehenge

Piedras Megaliticas, Portales Dimensionales:

Existen vórtices energéticos, chakras, centros en el planeta Tierra, donde se encuentra mucha paz, energía, alegría y sanación.
En general son sitios muy hermosos, donde la naturaleza muestra su esplendor; altares que deslumbran y donde se sienten muy atraídas las personas por las experiencias que allí se viven.
Algunos de ellos son conocidos como Machu Picchu, Avebury, Stonehenge, Puttaparthi, Las Cuevas de Patal, Cerro Uritorco, Salto, y otros sitios de la Cordillera de Los Andes, especialmente en Mendoza y Patagonia.
Meditar en estos lugares atrae fuerzas especiales y conexiones con otras dimensiones…aquellas en las que residen los Maestros iluminados y Seres que viven en dimensiones de altas frecuencias.
Algunos de estos centros son portales interdimensionales a través de los cuales la comunicación viaja de una dimensión a la otra en forma de mensaje, impresiones, visiones e intuiciones.
Los Seres Superiores encuentran fácil acceder a nuestro planeta por esas puertas, por eso, es importantísimo proteger la pureza de estos sitios preciosos.
Desde ya, la Luz es la herramienta adecuada para manejarse con tranquilidad y respeto en un portal.
El cambio de conciencia es la intención de trabajar en armonía con todo el universo, enviando junto con los Angeles…AMOR Y GRATITUD, con el deseo de alinearnos y canalizar rayos de AMOR, para una rápida evolución espiritual en beneficio del crecimiento de todos.
Todos los colaboradores de la Luz están en el camino de la ascensión…


Teorias:

Stonehenge, es un monumento ritual prehistórico situado en la llanura de Salisbury, al suroeste de Inglaterra, se calcula que fue realizado a finales de la edad de piedra y al inicio de la edad del bronce. Es el más famoso de los monumentos megalíticos de Inglaterra y la estructura prehistórica más importante de Europa.

Las construcciones megalíticas europeas se clasifican normalmente en cuatro tipos: el menhir o monolito, una única piedra erecta, a veces de gran tamaño; el círculo de piedras formado por varios monolitos, conocido como crómlech, como son los casos de Stonehenge y Avebury, en Inglaterra, y el de Callanish, en Escocia; el alineamiento de monolitos como el de Carnac, en Francia, y la cámara funeraria o sepulcro, normalmente sellado con monolitos y techado con un coronamiento o una falsa bóveda.

Aunque se desconoce con exactitud su funcionalidad, es sorprendente la astronomía conocida por las Antiguas civilizaciones y que supera con mucho la simple casualidad (Posibilidad aleatoria de acertar en casi todas la medidas y alineaciones) lo que parecería lógico, si tenemos en cuenta las modestas herramientas de investigación utilizadas por los antiguos observadores del cielo.

El hombre del paleolítico era nómada. A fin de orientarse en su constante deambular, tuvo que fijar unos puntos de referencia y lo consiguió mediante la observación del Sol y de las estrellas. Pronto comprendió que los movimientos de los astros estaban relacionados con asombrosos acontecimientos. La naturaleza se comportaba apacible o violentamente dependiendo de la posición que el Sol tuviera en el horizonte. Los truenos, los relámpagos, las tormentas y todo aquello que le atemorizaba, guardaba relación con la mayor o menor presencia de este astro, por lo que divinizó como dador de la vida. Por otra parte, la constatación de que los ciclos estacionales se repetían hizo que el ser humano comenzase a medir el tiempo. La observación llevó al hombre a percatarse de que el Sol no aparece siempre por el mismo sitio. Sólo hay dos días al año en que sale por el este y se pone por el oeste (en el hemisferio norte): durante los equinoccios de primavera (21 de marzo) y de otoño (21 de Septiembre). En ellos, el número de horas del día es el mismo que el número de horas de la noche, o sea, 12. El resto del año, el Sol naciente se mueve como un péndulo por el horizonte, hacia la izquierda o hacia la derecha del este geográfico.

Este deplazamiento marca un arco en el horizonte cuyos límites son los días del solsticio de verano, el día más largo del año (21 de Junio) y el solsticio de invierno, el día más corto (21 de diciembre).

Estos conocimientos eran marcados por los egipcios con dos obeliscos situados frente al templo, cuya fachada principal se orientaba al este, en una línea imaginaria que pasaba entre los dos monumentos. Desde un punto determinado del templo, el sacerdote-astrónomo podía mirar el horizonte y conocer la llegada de estos días clave, a medida que el Sol naciente se aproximaba a uno u otro obelísco. Pero no era sólo esto lo que los antíguos conocían del cielo...


EL GRAN SANTUARIO

Según el Dr. Marcel Baudouin, el culto al Sol apareció ya en el Período Chelense (100.000 a.C). Las grandes construcciones pétreas surgieron con gran profusión por todos los rincones de Europa desde Portugal a los Países Escandinavos. Sólo en la isla de Seeland (Dinamarca) se han encontrado 3.500 megalitos. Y el denominador común de tales construcciones fue la astronomía, ya que se ha constatado que el 70% de los dólmenes y avenidas cubiertas tienen la entrada orientada hacia el nordeste, buscando la salida del Sol en el solsticio de verano.

Bretaña es una tierra privilegiada, situada sobre un macizo granítico que recibe y emite a su alrededor radiaciones telúricas. En esta región francesa se conservan actualmente cerca de 3.800 megalitos con alineaciones sobre la línea equinoccial, la dirección de salida del Sol solsticial de verano y de la puesta solsticial en invierno.


Pero sin duda es Stonehenge el más conocido y evocador de todos los monumentos protohistóricos de función ritual y astronómica. El tramo recto de su Avenida, por la que se accedía desde el exterior hasta el centro del conjunto, estaba perfectamente orientado hacia al lugar donde se habría visto el primer destello solar en el solsticio de verano.

Stonehenge fue erigido en un lugar previamente seleccionado en la estrecha porción del hemisferio norte en que los azimuts (ángulo que forma con el meridiano el círculo vertical que pasa por un punto de la esfera celeste) del Sol y de la Luna, en su máxima declinación (distancia del astro al ecuador), forman un ángulo de 90°. La importancia del lugar elegido era tal que sus constructores no dudaron en traer bloques de hasta 400 toneladas desde una cantera situada a 300 km. Actualmente, los arqueólogos sostienen que Stonehenge se comenzó a levantar hacia el 3600 a.C., continuándose las obras en épocas posteriores. Stonehenge no es un monumento ordinario, ya que cumplió simultáneamente las funciones de calendario lunar y solar y aportó, además, el conocimiento de los ritos de las estaciones. El 21 de junio, solsticio de verano, el primer rayo de luz iluminaba el altar, ahora caído entre los dólmenes. Los estudios astronómicos realizados por el profesor Gerald Hawkins y por Sir Norman Lockyer demuestran que la Luna tenía más interés para sus enigmáticos constructores que el Sol. Próximos a la entrada del monumento, cuarenta hoyos, señales de otros tantos postes dispuestos en seis filas, coinciden con la posición más septentrional a la que llega la Luna cada 18,61 años. No es posible que unos hombres prehistóricos obtuvieran tal refinamiento astronómico mediante la mera observación del firmamento. Además, se ha comprobado que las alineaciones lunares están realizadas con tal perfección que para establecerlas debieron, sin ninguna duda, contar con información acerca de la inclinación de la órbita y diámetro lunar. Gracias a estos y otros datos, las investigaciones más recientes indican que la época señalada por la posición de los astros en el cielo es mucho más remota que la fecha de su supuesta construcción. Esto, unido a las múltiples leyendas y mitos referidos a visitas de dioses que legaron a los hombres sus secretos conocimientos sobre el universo, nos obliga a preguntarnos si el Antiguo saber astronómico pudo ser realmente traído a la Tierra por seres extraterrestres.
¿Quién planificó Stonehenge y cuáles fueron sus motivos?

Aun no lo sabemos, pero paso a paso, las investigaciones nos lo revelaran.


MONUMENTO MEGALITICO:

El santuario de Stonehenge se levanta en el paisaje de Wessex como un reto hacia una fuerza sobrehumana. Sólo un incentivo religioso pudo motivar tamaña empresa comunitaria. Y sólo la existencia de una élite dirigente puede explicar que este proyecto se llevara a la práctica. La obra se realizó en diferentes etapas que van desde mediados del III milenio hasta mediados del milenio siguiente. En el lugar exacto, y único en muchas millas a la redonda, de Stonehenge, la luna llena se coloca exactamente perpendicular a la salida del sol en el solsticio de verano (próximo al 21 de junio). Precisamente es el solsticio de verano el fenómeno natural sobre el que gira la concepción y planificación del monumento. Muy pronto, tras la delimitación del foso circular y del bancal situado a su costado interno, Stonehenge dispuso de las cuatro piedras de las estaciones que, colocadas en las esquinas de un rectángulo perfectamente trazado, delimitan un ángulo recto exacto, al coincidir con la línea del amanecer en el día del solsticio de verano. Así se planteó a mediados del III milenio a. C. Llegada una fecha en torno al 1750 a. C. (según las últimas dataciones del carbono 14), Stonehenge atravesó por una decisiva remodelación, que básicamente consistió en una ligera reorientación del círculo con objeto de exaltar mejor el acontecimiento del cosmos al que estaba dedicado. Se amplió la entrada y se prolongó en una avenida que recogiera la piedra tope (heel stone). En el centro se procedió al levantamiento de un doble círculo de monolitos de arenisca azulada traídos desde el sur de Gales. Cuando este proyecto del interior estaba en fase avanzada se decidió repentinamente suspenderlo. Las piedras de tal clase y de tal porte se retiraron. Sin excesiva demora, Stonehenge fue renovado (hacia el 1720). Esta vez, el monumento tomó una última configuración, si bien la definitiva costaría otras dos remodelaciones. Stonehenge entra en el período III con la erección, en el sitio de los monolitos retirados, de un nuevo círculo de gigantescas piedras (treinta de veinticinco toneladas cada una), de arenisca local, enlazadas con dinteles (de cinco toneladas) trabados entre sí mediante junturas de espiga y mortaja. Dicho círculo megalítico encerraba en su interior cinco unidades de tres piedras (trilitos), dos soportes y un dintel que formaban un arco de herradura en planta. Así reconstruido, Stonehenge fue objeto de nuevos trabajos de remodelación. El período III b fue esencialmente un tiempo de engrandecimiento y revestimiento del monumento. Se recuperaron al menos veinte de los monolitos de arenisca azulada desechados en la fase anterior, y se alzaron en el interior del espacio delimitados por los trilitos. Complementariamente se cavaron dos círculos concéntricos de hoyos que alojaron otros tantos postes (presumiblemente de piedra) en la periferia del núcleo monumental. Pero, nuevamente, este proyecto no llegó a acabarse nunca. A la postre, acaeció la renovación final en Stonehenge. Ello supuso, otra vez, un soberbio esfuerzo de carga y descarga. El núcleo central de la construcción quedó libre de las piedras de arenisca azulada que últimamente se habían colocado allí. En compensación, sin embargo, dichas piedras se recogieron en un círculo entre los trilitos que forman un arco de herradura y el círculo, hasta aquí inamovible, de los monolitos de arenisca local. El eje visual del conjunto lo formaría una línea que desde la avenida de la entrada terminaría en un imponente bloque de arenisca azulada que se levantó en esta fase final a la cabecera del marco de los trilitos.



Fuente: internet - Autor: Desconocido
7 Responses
  1. alma Says:

    Me encanta el bosque, siento como me llama....Me uno a la naturaleza de mi existencia y allí contemplo este maravilloso paraiso, no será un portal dimensional, pero hay lugares y sitios que te atraen, y tú te dejas llevar por el sentir de tu corazón y por la belleza que ebocan sobre ti.

    Gracias por tu información.


  2. Me alegro que te guste alma, aunque nos es mi información si no la de todo el mundo.

    Y si tienes razón la naturaleza es lo mejor que tenemos, esto si que merece la pena, por lo menos para mi.

    Un abrazo


  3. ONUBIUS Says:

    Me atrae todo aquello que no puedo entender, necesito darle la forma correcta o la mas aproximada y la única forma es empapándose de cuantos van por delante. Fue un placer seguir tus pasos , me gusto tu espacio y si me lo permites, me quedo por aquí...

    Abrazzzusss

    Josh


  4. marea@ Says:

    Todos los misterios que nos rodean... me encanta... es más... ojalá sigan siendo siempre misterios, son necesarios...

    No sé si habrás leido algo sobre El Valle de los Caidos, en El Escorial... si es que no... te recomiendo que eches un vistazo, hay teorías basadas en la inclinación esotérica de Franco que cuentan de la posibilidad de encontrarse allí una puerta a otra dimensión...

    Un saludo.


  5. Hola marea@, si conozco la historia del valle de los caidos, es algo que siempre me ha llamado tanto la atencion...

    Te recomiendo que te leas el libro de David icke, explica muchas cosas y yo creo que la verdad ya va siendo hora de que salga a la luz, ten en cuenta que hablamos de libertad, un mundo mejor y por supuesto mas sano.

    De todas formas, me lo has recordado y algo de ello metere en el blog.

    Un saludo


  6. ONUBIUS por supuesto sientete como en casa, un abrazo


  7. Lo que más me intriga es como pudieron transportar esas piedras, en quilometros no existian piedras de tales dimensiones, como las trajeron? No tenian medios?? Quiza conocian la levitacion...?Quien sabe.. Podemos dar un monton de opiniones pero pienso que jamás lo sabremos.



EL METODO SILVA DE CONTROL MENTAL


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