Naturaleza de la enfermedad, sanación y distorsiones energéticas

Todo componente de la realidad, sea individual o común, y especialmente todo tipo de enfermedad o problema físico tiene siempre un detonante mental, emocional, energético y, en muchos casos, profundamente espiritual y de extremo crecimiento personal. Uno puede autogenerarse una enfermedad debido a una distorsión en su sistema energético, producida por una lección de vida o una decisión inconsciente a nivel psicológico, de la misma forma que la masa de la humanidad puede generar una realidad común, enferma, debido a la distorsión de nuestra psique global.


Naturaleza de los grandes eventos.

Todos los grandes eventos que se manifiestan en el planeta son debidos a la creación energética de la suma de millones de realidades comunes, que suman el potencial existente en cada una de ellas, para dar lugar a pandemias, revoluciones, puesta en pie o caída de regímenes, cambios de era, catástrofes, guerras o desastres. No pensemos que, porque la semilla de esos eventos pueda haber sido instaurada artificialmente (como de hecho sucede en muchos casos cuando hablamos de enfermedades que salen de laboratorios, de guerras fabricadas en salas de reuniones o de crisis manufacturadas en oficinas bursátiles), no somos nosotros los que terminamos aceptando, implantando, emitiendo y manifestando el efecto deseado de esa semilla, haciéndola germinar y terminando por darle poder, gracias a que somos el catalizador del proceso energético a través del cual se crea el mundo en el que vivimos.


Incluso los grandes desastres naturales que estamos viviendo estos últimos años no son nada más que el proceso del planeta mismo por restaurar la gran carga energética negativa causada por la humanidad, y la restauración de su armonía y balance interno, en su propio proceso de crecimiento.

Nuestro planeta no es un sistema cerrado, en el sentido de que los eventos están contenidos allá donde fueron creados, sino que la energía de los mismos viaja por todo el inconsciente colectivo, la psique de la humanidad, y nos afecta a todos en mayor o menor medida, dependiendo de como resonemos con esa energía. En el caso de grandes epidemias, los eventos sirven a una causa individual, pues esa persona ha podido elegir fallecer o pasar por la enfermedad para su propio proceso evolutivo, aprovechando la oportunidad presentada para ello gracias a la manifestación (a la que contribuye) de esa enfermedad en la realidad común, pero también tienen un significado más profundo a nivel de masas, dando a veces lugar a grandes cambios en partes de la humanidad por haber sido usada como catalizador para obtener otros propósitos. Grandes enfermedades, plagas, desastres y otro tipo de eventos de este tipo han sido el detonante de grandes avances, reconversiones y cambios colectivos. La especie humana mantiene su propia autoconciencia e instinto de desarrollo como lo mantenemos todos los que pertenecemos a ella, usando a gran escala las herramientas de crecimiento y sanación que usamos todos a nivel individual.


La enfermedad no es una cuestión de virus.

Cuando pensamos que una enfermedad es solo una cuestión de un virus, parece que reducimos el problema a un tema puramente físico. Nos vacunamos o nos medicamos y a corto plazo esa enfermedad se cura o pasa de largo de nuestra casa. Gracias a nuestros avances médicos, muchas enfermedades han sido conquistadas y prácticamente erradicadas. Eso no significa sin embargo que las personas que han decidido pasar por una enfermedad como medio de crecimiento personal o espiritual no cojan simplemente otra que este todavía latente, y para la que, si es necesario, no haya cura en ese momento.
Nadie se pone enfermo, de ninguna forma, si esa enfermedad no tiene lugar o no está detonada por un proceso interno psicológico, energético o espiritual. En tiempos de grandes epidemias, miles de individuos permanecen inmunes, y otros miles enferman. A nivel individual, si solo hay un virus en el planeta de una enfermedad rarísima y una cierta alma necesita pasar por ese proceso, esa persona será la única entre millones con ese tipo de problema. Muchos otros millones de personas que también se vacunaron contra tal o cual epidemia probablemente nunca tenían que pasar por ella, pero aun así inoculan en su sistema físico y biológico trocitos del virus, por si acaso, sin comprender que es el proceso energético, mental y espiritual lo que determina que cojamos o no ese virus, esa enfermedad u otra, pues depende de nuestras lecciones y aprendizajes, para nosotros y para con otros, que queramos manifestar (en niveles que posiblemente no entendemos de forma consciente) un cierto estado de salud físico.


La muerte y la salida del juego.

El proceso de la muerte por enfermedad es también un proceso fijo. Nadie se va de este plano si a nivel de alma no quiere irse, y nadie se puede quedar ni un segundo más de lo estipulado cuando desea marcharse. Incluso un suicidio es un permiso para salir antes de tiempo, una decisión del alma, (en regresiones a vidas pasadas he vivido mi salida de una encarnación a través del suicidio, y he vivido el proceso de decisión interna a nivel de alma para llegar a él, lo cual fue muy revelador), que decide poner fin a una partida que todavía, a priori, no se ha terminado. Pero es una decisión del alma, ya que si es la personalidad la que desea irse pero no así quien de verdad gobierna el cuerpo, aparecerán todo tipo de obstáculos que realmente impiden esa salida anticipada del juego. Fallecemos cuando hemos de fallecer y de la forma que escogemos fallecer, y nada puede alterar esa elección de la propia persona a nivel espiritual, así como enfermamos cuando aparece la necesidad física para ello, porque forma parte de un proceso, un aprendizaje, o la manifestación de una distorsión aparecida a nivel energético a la cual no le estamos prestando la suficiente atención mental, y, por ende, debe hacerse visible a nivel físico.


La naturaleza de la sanación.

En la cara opuesta de la moneda, la sanación es el proceso contrario. Todo el mundo sana cuando a nivel profundamente interno desea sanar, cuando se ha completado el aprendizaje asociado a la enfermedad, y cuando se restaura de nuevo el equilibrio energético que causó el problema. No podemos sanar a nadie que no lo desee, eso lo sabemos bien cuando hacemos sanación Akashica, por muchos bloqueos energéticos que detectemos, como la persona a nivel interno no desee esa restructuración de la distorsión energética que causó el bloqueo, es como si le enviaras una brisa de verano a acariciarle el aura. No le hace nada. Cuando una enfermedad se ha manifestado ya a nivel físico, hay que tratar el cuerpo físico, pero hay que tratar con mucha más insistencia el problema energético que lo detonó. Mientras la entidad tenga un proceso de aprendizaje en marcha, una lección incompleta o una distorsión energética sin armonizar, el trabajo con el cuerpo físico para restaurar la salud es idéntico a poner capas de pintura en la pared sin solucionar el problema que causa la humedad en la misma.

A este respecto, volví a leer ayer este párrafo en una de las canalizaciones de Q’uo de LL Research que viene a cuento:

“…el área de sanación es ese área que abarca toda la encarnación, ya que la sanación de cualquier distorsión es el equilibrio de esa distorsión… lo que ha sido desgarrado se reúne, y lo que ha causado daño es una parte de la experiencia que ha enseñado una lección que ha sido planeada por la propia entidad, ya sea antes de la encarnación o como una parte de la encarnación.

…Muchas veces, la conexión entre la entidad y su experiencia, o para ser más precisos entre la entidad y el catalizador de esa experiencia, es lo que a menudo se denomina enfermedad o falta de armonía, ya que la entidad, o alguna porción de la entidad, es lanzada fuera de su equilibrio normal y forzada por dicho desequilibrio a prestar atención a la situación en la que ahora se encuentra. Cuando esta experiencia y esta lección son consumadas mental y emocionalmente, entonces existe un restablecimiento del equilibrio, de la armonía, de la persona. Cuando la percepción está lo suficientemente distorsionada -o tal vez deberíamos decir lo suficientemente ignorada- entonces puede ser que el catalizador sea dado por la mente al cuerpo, y las dolencias físicas de una u otra forma garantizan a futuro la captura de la atención del buscador. Este tipo de incomodidad enfoca entonces la atención del buscador sobre ese catalizador que no ha sido bien utilizado. A medida que se utiliza el catalizador y el aprendizaje se completa, entonces se logra también lo que se denomina sanación.”


Dos caras del mismo proceso.

Tanto la enfermedad como la sanación son procesos idénticos de diferente polaridad. Uno es el resultado de una distorsión energética, el otro es el resultado de una armonización energética. Ambos son el resultado de algo mucho más profundo, un aprendizaje todavía por integrar o un aprendizaje completado. Ambos dependen de la persona que sufre la enfermedad o que sale de ella, y de nadie más. El entorno exterior no es el causante de ninguno de estos dos procesos, sino que sirve solo como apoyo, herramienta, excusa o método para caer enfermo, o para recuperar la salud. Y todas las enfermedades, problemas y trastornos están siempre disponibles primero como experiencia tanto a nivel emocional como mental, de forma que si nos escuchamos, y nos mantenemos sanos a esos niveles, el cuerpo físico no tiene porque sufrir nunca ningún tipo de distorsión.

Realzado por David Topi.

La Energía

La Energía.

Aunque no seamos conscientes, nuestra frecuencia de resonancia o nivel de vibración es nuestro bien más preciado en ámbitos tales como la protección energética, el desarrollo personal, o la auto sanación. Esto que parece tan “genérico”, es algo tremendamente simple, se trata de la “frecuencia media” que emites, el nivel vibracional que tienes de forma global, sumando todos los patrones energéticos, mentales, anímicos y emocionales que tenemos y que constantemente emitimos. Una persona con todos esos componentes vibrando a un nivel “alto” (hablando en Hz, la unidad de medida de la frecuencia de una onda cualquiera), incrementará su frecuencia base y verá reflejado este nivel en su realidad cotidiana, no solo por lo que a nivel de “ley de atracción” pueda manifestar, sino por la influencia que esa persona tendrá en los entornos en los que se mueva por su sola presencia.

Influencia de la frecuencia de resonancia en el ámbito de la sanación.

Todo sanador, o toda persona que es capaz de influir en otra a distancia está tocando tu frecuencia de vibración o resonancia, sea a nivel local (por ejemplo actuando sobre uno de los cuerpos sutiles, sobre un chakra, o a nivel general como en un baño de energía). Cuando hacemos algún tipo de sanación, remota o presencial, estamos modificando el sistema energético del paciente simplemente modificando un patrón concreto de onda que es la causa del bloqueo, y lo hacemos modificando su frecuencia de resonancia, de forma que al poner a vibrar su sistema energético a un nivel más alto, en esa zona, automáticamente se desbloquea aquella energía que se había quedado estancada.

Por poner un ejemplo, seria como poner a sacudir una coctelera que tuviera pegada trocitos de papel en el exterior. La fuerza de la vibración de la coctelera hace que se despeguen y caigan esos papeles, simplemente por haber incrementado el movimiento y modificado las fuerzas que mantenían los papeles (entendidos como bloqueos energéticos) enganchados.
Así, es sencillo comprender como simplemente “ordenando mentalmente” la eliminación, tras haber descubierto un cierto bloqueo, con la “intención” de sanar algo, esto se empieza a sanar, y es que la energía detonante del sanador, al ser recibida por el “paciente”, pone en marcha el mecanismo de vibración interno y modifica el patrón energético de la zona donde se encuentra el bloqueo incrustado y este “pegote” empieza a desprenderse poco a poco de esa zona (es decir, la misma persona se auto sana, el sanador solo hace de detonante del proceso de cambio vibracional).

Esta energía recibida, sea directamente, sea remotamente, sea autogenerada, no ha hecho sino modificar al alza ligeramente la vibración del lugar donde se encontraba el problema, haciendo que la zona de “enganche” ya no sea compatible con la energía del bloqueo. Al no ser de igual patrón energético, la energía causante de ese bloqueo no puede mantener el “enganche” o acople al sistema energético, y deja de tener efectos negativos paulatinamente en la salud de la persona.


Sanación presencial o remota.

¿Tiene el mismo efecto el estar a un metro de la persona o a 100km para detonar este incremento vibracional? Pues la experiencia nos dice que es parecido (aunque la sanación presencial sea mas intensa a veces), y es simplemente debido a nuestra conexión a través del campo mórfico que une a todos los seres humanos, trabajemos al nivel que trabajemos (es decir, podemos conectarnos a niveles de alma o Yo Superior, a niveles de “inconsciente”, a nivel “mental”, etc.), pero todos estamos enganchados los unos con los otros. Es este mismo método, en el fondo, el que hace que técnicas como el Ho’oponopono, la curación cuántica, los registros akashicos, magnified healing, la terapia de respuesta espiritual, etc., etc. funcionen. En todos los casos, estamos modificando la frecuencia de resonancia de la persona con la simple emisión de una intención u orden mental de sanación, al nivel que sea, lo que hace que se libere, desenganche, transmute o solucione el bloqueo mental, emocional, físico, anímico, espiritual, o de las profundidades del subconsciente.


Influencia de la frecuencia de resonancia en el ámbito de la protección energética.

Ocurre lo mismo cuando hablamos de protección energética. Tu frecuencia de resonancia es tu escudo antimisiles porque si se mantiene en un nivel de vibración “alto”, impide que un buen puñado de energías externas, parásitos astrales, pequeñas entidades “negativas”, etc., sean compatibles contigo. De nuevo, es como mantener la coctelera sacudiéndose a una velocidad tal, que no hay forma de que nada que no sincronice con esa velocidad de vibración pueda engancharse. Por supuesto que no se trata de la panacea, siempre hay energías de niveles mucho más altos de los que nosotros podemos alcanzar en estos momentos polarizados “negativamente” y que pueden engancharse o acoplarse a nosotros si lo desean (para nutrirse), pero no así todo aquello que vibre a un nivel menor que el nuestro (frecuencialmente hablando).

Influencia de la frecuencia de resonancia en el ámbito del crecimiento personal.

Por último, todas las cosas que hacemos, ejecutamos, decidimos, etc., generan en nosotros un cierto tipo de energía. Esta energía forma parte de algún patrón energético bien a nivel mental o emocional (principalmente), que puede añadirse a cualquiera de nuestros cuerpos sutiles y resto de componentes del sistema energético, así como influenciar el “crecimiento” o cristalización (como lo llamaba Gurdjieff) del alma en cada uno. Es decir, básicamente lo que aprendemos a través de lo que nos pasa o lo que hacemos que nos pase, influye sobre nuestra frecuencia de vibración o resonancia pudiendo incrementarla o reducirla (fluctúa siempre, y no es estática), y que puede hacer que “potenciemos” más nuestra “esencia” interior, o la sigamos manteniendo dormida. Eventos que nos hacen crecer, como experiencias y lecciones superadas, incrementan el nivel de resonancia hacia frecuencias mayores. Eventos generadores de efectos tales como traumas, bloqueos de diversa índole, contagios del inconsciente colectivo, o ataques energéticos, pueden alterar y reducir nuestra frecuencia de resonancia haciéndonos más débiles o vulnerables.

Cuando vemos por todas partes que nos dicen que el “conocimiento protege" y la “ignorancia nos pone en peligro”, no solo es un consejo que suena bien, sino que literalmente cada pieza de conocimiento “objetivo y factual” trae consigo su propia carga energética, que se suma a nuestro cuerpo mental incrementando su frecuencia de resonancia global, potenciando la frecuencia de resonancia global del sistema energético.
Puesto que además nuestro nivel de vibración global depende de la suma del nivel de vibración de cada parte de nuestro sistema físico y energético, cuando hablamos de que es necesario tener una salud optima, un robusto cuerpo eterice, un cuerpo emocional sano y un cuerpo mental limpio, nos estamos refiriendo a que todos los componentes se apoyan y necesitan entre si, y que de nada sirve tener unos en perfecto estado, y otro hecho un asco, pues nos hará caer en picado el nivel vibracional que tengamos.


Frecuencia de resonancia vs polarización.

Evidentemente el tener una alta frecuencia de resonancia no significa ser un ser más “positivo”. El nivel de vibración es simplemente eso, un nivel de vibración, el numero de ciclos por segundo que genera el conjunto de tu sistema energético, pero esta vibración tiene polaridad, como ya hemos visto en artículos anteriores y como comente durante horas en la conferencia de hace unas semanas. Esta polaridad es lo que llamamos “positiva” o de servicio a otros, o “negativa”, o de servicio a uno mismo. Tenemos personas y entidades no corpóreas de todos los niveles de vibración que os podáis imaginar, y más o menos repartidas equitativamente entre las dos polaridades. Es decir, que como os decía antes, a mayor nivel de frecuencia de resonancia más poder y potencial, aunque este pueda estar orientado hacia la polaridad que la persona o entidad haya escogido como camino evolutivo, sea el camino del servicio a otros, o sea el camino del servicio a uno mismo. Nuestro trabajo consiste en trabajar ambas cosas, incrementar nuestra frecuencia de resonancia, y polarizarla hacia el servicio a otros, todo en busca de un crecimiento evolutivo y paso de “curso” que esperemos esté pronto por llegar.

La Sombra

¿Qué es la sombra y dónde está?

La “sombra” es un personaje, un componente de tu personalidad, un alter-ego, que conforma y aglutina la parte más olvidada, reprimida y negativa de nosotros mismos. Nadie quiere verla y ninguno queremos admitir en público que la tenemos, pero no hay ningún ser humano que no posea una.

Se empieza a formar desde bien temprana edad, desde niños, cuando aprendemos a reprimir los comportamientos que no son socialmente aceptados, que no les gustan a nuestros padres o a nuestro entorno, o que vemos que, si los dejamos salir libremente al mundo exterior nos traen más problemas que otra cosa. Son las emociones que llamamos negativas, y los patrones de comportamiento que debemos tapar de nosotros mismos para ser aceptados en el mundo, porque poseemos rasgos y características que tienen la etiqueta de “malos” y que no encajan con la imagen que todos esperan de nosotros.

De alguna forma, tampoco tenemos la culpa, pues no podemos evitarlos, ya que provienen de una configuración psíquica, mental y energética que nos fue impuesta cuando se nos creó, y que muchos llamamos la mente predadora. Las características barrocas y oscuras de la mente predadora, a imagen y semejanza del molde del que estamos hechos, posee una percepción de la Creación distorsionada en cuanto a que la percibe como hostil, mientras que la percepción de la Creación desde el punto de vista del SER, que encarna en el cuerpo que usamos, percibe la creación como luminosa, radiante y llena de amor.


La dualidad manifestada.

La sombra se crea por la dualidad de los componentes que nos forman: mientras que el espíritu es pura luz, la mente posee un componente que percibe esa luz de forma tan distorsionada que, incluso, le tiene miedo, pues así es como perciben inconscientemente al “Todo” los que nos crearon, y así hay una parte de nosotros que lo percibe igual, pues no puede hacerlo de otra forma.

Cuando nacemos, y vamos forjando nuestra personalidad, aparece también la parte más “negativa”, pero natural, en el ser humano, por la existencia de una dualidad rampante y patente en el sistema espíritu-alma-mente, y decidimos que debemos desterrar todo aquello que no encaja en el mundo ideal que todos soñamos, o que puede poner en peligro el concepto básico de la supervivencia, algo que los niños, especialmente, tienen muy latente desde el primer sollozo, pues dependen de sus padres y de su entorno social para todo.

Así, aprendemos que es lo que debemos mostrar al mundo, pues es lo nos provee de lo que necesitamos para sobrevivir (física, psíquica, mental y emocionalmente), y que es lo que debemos guardarnos. Aprendemos que debemos esconder, enterrar y dejar bien tapado, y que facetas deben relucir y salir a la superficie, aunque no sean las que, naturalmente, desearíamos que salieran en diferentes momentos y situaciones, sino que sean simplemente máscaras y la fachada pública de nuestra personalidad, por que es lo “correcto”.

Al ir reprimiendo lo que sentimos, decimos y pensamos de verdad (porque creemos que si no en este planeta nadie nos querría), vamos forjando un alter-ego, la sombra, que se mantiene latente, y que actúa cuando no nos damos cuenta, haciendo salir parte de sí misma, en situaciones y momentos en los cuales estamos lo suficientemente despistados y/o inconscientes para no dar la “respuesta” y poner la “cara bonita y aceptable” que tenemos, sino sacar como un estallido la respuesta que verdaderamente la sombra quisiera dar en ese momento, en esa situación.


La construimos durante años, para luego tratar de desmontarla.

Cuando llegamos a adultos, la sombra ha crecido tanto y suele estar tan escondida que podemos pasar de puntillas por la vida casi sin verla, aunque los demás puedan tener atisbos de ella en nosotros cuando nos empiezan a conocer bien (la confianza da asco, dice el refrán, porque con confianza te relajas ante los demás, y entonces no te preocupas tanto por mantener el control de tu personalidad y de lo que eres, y, la sombra, y el resto de facetas menos agradables de uno mismo suelen salir a la luz más fácilmente).

Un adulto normal se pasa los primeros 20 años de su vida tratando de ver que personalidad debe construir de cara al mundo, y echando el resto al saco de su alter-ego, y luego, si uno se da cuenta, tratamos de pasar el resto de nuestra vida desmontando y transmutando todo lo que hemos construido para volver a ser personas “sanas” y coherentes con nosotros mismos.

Evidentemente a la sombra no se la mata con una espada, no se la llena de luz en una meditación y adiós muy buenas, sino que se trabaja componente a componente, emoción a emoción, patrón a patrón, y se va disolviendo a medida que te vas haciendo amigo de tu lado oscuro, pues vas entendiendo las situaciones, emociones y pensamientos que lo forman, y los aceptas, integras, liberas y transmutas.

Ahora, mi Darth Maul particular es mucho menos feo que lo que era cuando empecé a conocerlo, de hecho, ya no me da tanto yuyu cuando me pongo a hablar con él, y lo curioso es que ya no aparece como enfrentado a mí, es decir, en posición de uno delante de otro, sino que aparece a mi lado, como trabajando conmigo. Ese ha sido mi gran logro de los últimos tiempos, porque ahora mi sombra entiende, espero, que ya no quiero taparla, y como que en la meditación acepta ser transmutada y liberada, a cambio de ser comprendida.

Os animo a trabajar con ella, porque realmente la sombra es un lastre mental y emocional que nos mantiene mucho más pegados a este “nivel 3” del juego, y que puede ser un gran maestro cuando en vez de ignorarla, tratamos de iluminarla.

Los Campos Energéticos y sus influencias.

Cuando en las últimas semanas he tocado tanto el tema de desprogramar el autómata que somos, los programas de comportamiento, el salir del piloto automático y dejar de ser las “máquinas” que algunos nos consideran, no es solo porque es la única forma de tomar control sobre nuestra vida al 100% y dejar que sea nuestra mente “consciente” y observadora la que lleve las riendas (o el alma, para los que lleguen un paso más lejos) sino porque de lo contrario no hay forma de escapar de las múltiples influencias externas a las que todos estamos sometidos por el mero hecho de formar parte de la vida orgánica y vivir en este planeta.

En realidad no podemos escapar de todas estas influencias que ahora os voy a comentar, pero a menos automático es nuestro comportamiento, menos poder ejercen, y mas fácil nos es escoger la influencia que nos “fastidia” menos. Ahora lo explico.


Campo energético familiar/ del hogar / del trabajo.

La primera influencia de la que no podemos escapar mientras vivamos en modo automático es la del entorno cercano en el que nos movemos, sea nuestra casa, oficina o trabajo. El campo energético de todos los habitantes de una vivienda, el inconsciente colectivo de una familia o el ambiente de la oficina determinan como nos comportamos, reaccionamos y usamos nuestra energía, porque son las reacciones y comportamientos de las personas que tenemos cerca las que nos pinchan más rápidamente ciertos botones del carácter. Es de vital importancia en este terreno conocer cuando se activan ciertos programas automáticos de protección o uso de algún “rol” pre-establecido (el simpático en la oficina, el padre estricto en casa, el amigo protector, o lo que toque) debido a que las energías de los demás detona los programas y patrones mentales y emocionales adecuados para que respondamos de una cierta forma. Además, en este ámbito entra en juego sobre todo la absorción energética por parte de otras personas, consciente o inconscientemente, que solo puede ser detectada si uno se encuentra “consciente” de si mismo y fuera de un comportamiento automático.


Campo energético del barrio y de la ciudad.

Un peldaño mas arriba, energéticamente hablando, la siguiente influencia fuerte que tenemos es el inconsciente colectivo del barrio y de la ciudad donde vives. Estoy seguro de que no hay uno solo de vosotros que no tenga claro que diferentes partes de vuestra ciudad tienen diferentes “caracteres” y ambientes. Desde el barrio chungo y marginal, hasta el barrio pijo, el barrio bohemio o el barrio “marchoso”. Da igual el adjetivo que le pongas, la cuestión es que se respira un aire diferente dentro de las diferentes zonas de una misma ciudad por el hecho de que tienen mini inconscientes colectivos diferentes, a los cuales te enganchas cuando resides en él, y cuya influencia te afecta lo desees o no, a menos que, de nuevo, no vivas en piloto automático. Esta energía de este pequeño campo morfo genético activa inconscientemente ciertas respuestas automáticas en nosotros, emocionales y mentales, así que si no controlas aquello que se activa en ti, no puedes evitar entrar en la dinámica que se vive en esa zona, te guste o no, ya que tu sistema energético vive empapado de lo que transpira en el lugar.


Influencia de los campos energéticos regionales, culturales, nacionales.

A mayor área geográfica abarcamos, más grande y abstracto se hace el campo energético al que nos vemos sometido otro nivel vibracional por encima del anterior. Así, tenemos ciertos campos a nivel de región, de país, de grupo étnico dentro del mismo país, o de área cultural (por ejemplo, cultura mediterránea vs cultura nórdica) que también nos afectan. Aquí entran en juego otros temas como son los arquetipos culturales, raciales o étnicos, que generan por si solo su propio inconsciente colectivo, pero estas mismas influencias activan en nosotros ciertas respuestas predeterminadas a nivel de cuerpo mental o emocional que han sido insertadas en nuestro ser debido a la influencia del lugar donde vivimos o nos hemos criado. A más alto el campo de influencia, mas genérico es el patrón automático que nos gobierna, de forma que podemos comportarnos como masa de una forma determinada y a nivel individual ser incapaces de reconocer esos patrones en nosotros mismos, ya que se activan a diferentes niveles de conciencia. Todos los mediterráneos tienen un cierto carácter, todos los alemanes son así o asa, todos los afroamericanos presentan tal característica, y luego resulta que conoces tropecientos alemanes o afroamericanos que no cuadran con el modelo “genérico” a nivel individual. Aquí la influencia es muy sutil, y si no eres muy consciente de ti mismo es casi imposible identificar esos comportamientos generales que se activan de forma automática por el hecho de ser parte de uno de esos colectivos (y que indudablemente cuando sales del mismo, se te reconoce a la legua por aquellos que te observan).


Inconsciente colectivo de la raza humana, campo morfogenético global.

El siguiente nivel de influencia al que estamos sometidos no es otro que el inconsciente colectivo de la raza humana. Es muy difuso, tiene menos poder que el nivel inferior, porque es una suma caótica de la realidad compuesta de 7 billones de seres humanos, como una gran balsa energética que rodea al planeta. Este inconsciente colectivo global es el que marca el ritmo de los grandes acontecimientos mundiales, es lo que marca el rumbo del barco de la evolución de la masa de la humanidad, y el responsable de la manifestación de grandes logros o de grandes catástrofes. Es el responsable de que el planeta como tal vaya más rápido o más despacio en su despertar, en su camino evolutivo o en su polarización, porque depende de la suma de todos, y por ende, carece de homogeneidad, llevando en si los extremos más altos de patrones mentales y emocionales positivos como negativos. Estamos sujetos a su influencia de forma mucho más sutil que a la influencia de todos los campos energéticos anteriores, y no es perceptible en la vida individual de una persona el efecto de este campo si no es a nivel de una retrospección de años mirando hacia atrás y comprobando el desarrollo personal de uno mismo respecto al desarrollo del conjunto de la humanidad. Los programas y patrones de comportamiento que activa el inconsciente colectivo genérico en nosotros son programas que trabajan en segundo o tercer plano a lo largo de la vida.


Influencias planetarias: la Luna, el Sol, el sistema solar.

Pero si el inconsciente colectivo del planeta nos parece que tiene un efecto relativo que no podemos notar de forma directa, los siguientes campos energéticos que nos dan de lleno sin embargo si que tienen mucha más fuerza, por la simple razón de que no son estáticos ni varían sutilmente, sino que su influencia es dinámica y cambiante de forma regular. Aquí me estoy refiriendo a los campos electromagnéticos de la luna, el Sol y los planetas del sistema solar.

Empezando por la Luna, si es capaz de mover océanos y generar mareas, pensad en el poder que tiene para mover de un lado a otro el inconsciente colectivo de la zona donde residís y por supuesto, llegar a afectar a vuestro propio sistema energético. Que haya personas que usen la luna llena para poner en marcha ciertos acontecimientos no tiene nada que ver con la superstición, sino con la cantidad de energía e influencia que llega de nuestro satélite en ciertos momentos dados, en ciertas zonas del planeta. La interacción electromagnética Luna-Tierra, como dos imanes, mueven todo lo que se cruza en medio, en este caso, la vida orgánica en la superficie de la Tierra. La Luna altera comportamientos en las personas porque choca y presiona directamente en el cuerpo emocional y en el cuerpo mental, y activa ciertos patrones y automatismos que en otros momentos permanecen dormidos. Solo siendo altamente consciente de uno mismo, y habiendo trabajado esos programas automáticos y componentes emocionales, puedes evitar que se pongan en marcha sin que lo sepas
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Finalmente, tanto el Sol como los planetas del sistema solar ejercen una fuerza terrible sobre el campo gravitatorio y electromagnético del planeta, que constantemente influencian y modifican el inconsciente colectivo del mismo (nuestro y de los diferentes campos morfogenéticos de las diferentes especies que conformamos la vida orgánica). Aquí no me estoy refiriendo al horóscopo de los domingos, que en el mejor de los casos es puro entretenimiento, sino que realmente cuando el campo electromagnético (vamos a llamarle el aura) de Júpiter, Saturno o Venus tocan el “aura” del planeta Tierra, produce ciertos efectos, que las antenitas que somos cada uno de nosotros, sufre en silencio (por no poder notarlo, y por no saberlo). Habrá mejores o peores formas de estudiarlo, pero la astrología más antigua ya conocía de la influencia de estos planetas sobre los campos energéticos de la Tierra, y por ende sobre sus habitantes.

Que Mercurio entre en movimiento retrogrado (por decir algo), siendo el campo energético que afecta por ejemplo a los procesos mentales y la comunicaciones, no indica que te vayas a quedar sin teléfono móvil esa semana, sino que todos los patrones mentales asociados al arquetipo de la comunicación en el inconsciente colectivo van a sufrir una pequeña descarga energética gentileza de nuestro vecino dos planetas mas allá. Así, todo lo que lleves a cuestas relacionado con este tema, se activará en ti de forma automática dependiendo del grado en el que resuenes con esta influencia externa, produciendo un cierto patrón mental, que generara una cierta “emisión” en ti, que manifestará una cierta realidad potencial, que IGUAL tienes la mala suerte que tiene la suficiente energía para manifestarse en una realidad tangible. Y vaya, te acabas de quedar sin móvil la semana en que Mercurio hace de las suyas (ya te lo dijo el horóscopo!).


Escapar de las influencias.

Mientras tengas un sistema energético y formes parte de la vida orgánica en el planeta, es imposible escapar de ninguna de las influencias “macro” que hemos visto, es un poco menos difícil dejarse influenciar por el inconsciente colectivo de tu país y región, y si te lo curras un poco te será relativamente fácil desconectar de la influencia de tu entorno más cercano. Pero para poder desconectar tienes que saber que estás conectado, tienes que saber que las respuestas mentales y emocionales que generas no salen “porque si”, sino porque desde fuera estás sometido a un número impresionante de campos energéticos, que interactúan con el tuyo. A menos que limpies, desmontes, desprogrames y te vuelvas más consciente y alerta de tus reacciones, comportamientos y emociones, seguirás (seguiremos) siendo marionetas en el gran teatro del juego cósmico de la vida orgánica en el sistema solar.

Los niveles de conciencia y los sueños.

Podríamos decir, a grandes rasgos, que  existen tres niveles de conciencia, uno es el nivel de conciencia que aceptamos normalmente como “real”, conectados totalmente, o casi, al mundo físico, el segundo es el nivel de conciencia que experimentamos durante nuestros sueños y el tercero es el nivel de conciencia superior, el cual combina los dos anteriores.


¿Qué diferencias importantes podríamos destacar?

En primer lugar, podríamos destacar el tiempo, cuando estamos en la fase de conciencia durante el sueño, no existe el tiempo tal como lo entendemos durante la etapa de conciencia “real”, podemos ir hacia delante y hacia atrás, sin ningún tipo de problema.

La segunda diferencia importante tiene que ver con los efectos producidos por nuestros actos, en la fase de sueño controlamos totalmente los efectos que producen nuestros actos, podemos volar si nos apetece, trasladarnos de un punto a otro del planeta en cuestión de décimas de segundo, etc., lo cual no ocurre en la fase de conciencia “real”.

Podríamos seguir enumerando diferencias significativas, como que en la fase de sueño los hechos no se suceden de una forma “lógica”, sino que van errando sin un principio y un fin y en la fase de conciencia “real” siguen un orden estrictamente cronológico y lógico.

No obstante, no todo son diferencias, ya que las sensaciones que recibe nuestro cuerpo físico como consecuencia de las vivencias que tenemos tanto en nuestra etapa de sueño como en nuestra etapa “real” son idénticas y los sentimientos que nos generan también, podemos sudar, temblar, tener miedo, frío, calor, estar alegres, tristes, llorar, reír, etc. Etc. Etc., independientemente de que estemos en nuestra etapa de sueño o en nuestra etapa “real”.

Hasta aquí creo que podemos estar de acuerdo en que podemos alternar sin ningún problema estas dos vidas paralelas que llevamos. Pero realmente no son dos vidas paralelas, sino que pueden combinarse en una sola interaccionando entre sí.

Por ejemplo, seguramente muchos de nosotros hemos podido “hablar” con alguien que se ha quedado dormido a nuestro lado. Si tenemos cuidado en no despertarlo, podremos mantener algún tipo de conversación, encontrándonos en distintos niveles de conciencia.

Si aceptamos que podemos usar distintos niveles de conciencia y de que estos pueden interactuar entre sí, llegamos al tercer nivel de conciencia, que es aquel en que utilizamos simultáneamente ambos niveles, y éste sería el nivel de conciencia superior, en el que podremos utilizar las ventajas de ambos y actuar en consecuencia.

Aunque esto parezca algo inalcanzable, no lo es, únicamente hemos de romper las barreras de nuestra educación en estos aspectos y saber que ambos niveles son nuestros y los podemos combinar para alcanzar nuestras metas.

A través del nivel de conciencia de sueño, podemos recibir y enviar información al universo, al igual que podemos comunicar y recibir información de alguien que se encuentra en la fase de sueño.

Aunque esto parezca utópico o descabellado, seguramente os habrá ocurrido en alguna ocasión, o en más de una, el hecho de soñar despiertos, por ejemplo en el trayecto en coche desde nuestro domicilio al trabajo nuestra mente se ha ido a otro lugar y no ha regresado casi hasta el final del trayecto y al volver a la fase “real”, no conseguimos recordar el trayecto recorrido ese día. Lo que ha ocurrido es simplemente que hemos combinado ambos estados y hemos sido capaces de simultanearlos, una ha conducido el coche perfectamente y el otro ha tenido una vivencia determinada.

También os habrá ocurrido, en alguna ocasión el hecho de tener impulsos o intuiciones que nos empujan a realizar una acción determinada y una vez realizada podemos comprobar que dicha acción ha sido determinante para conseguir algo que queríamos.

En este caso hemos recibido el impulso a través de nuestro estado de conciencia de sueño durante nuestra fase “real”.

Vemos pues que muchos de nosotros hemos experimentado estas “interferencias” entre ambos estados de conciencia, de forma automática.

Nuestro reto es empezar a utilizar dichas interferencias de forma voluntaria para llegar a alcanzar nuestros objetivos. Para ello no debemos hacer nada especial, simplemente debemos seguir nuestros impulsos por encima de las creencias que nos han inculcado desde niños, dejando en primer lugar que predominen en nosotros pensamientos referentes a nuestros deseos verdaderos, dichos pensamientos son la señal que emitimos y los impulsos o corazonadas o como queramos llamarlos son la contestación o la guis que recibimos y que debemos seguir para alcanzar nuestros deseos.


EL METODO SILVA DE CONTROL MENTAL


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